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| 5.4. La poesía a lo largo del siglo XIV. | ||
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La poesía a lo largo del siglo XIV sufre una transformación importante respecto a la desarrollada durante el siglo anterior, tanto en la forma como en el fondo. En la forma en la medida en que la cuaderna vía, aunque se sigue manteniendo como modelo de composición de las obras, da paso a otras formas poéticas. En el fondo en cuanto a que esa literatura didáctica, moralista y dogmática del Mester de Clerecía da paso, poco a poco, a una literatura mucho más personal de los autores -que empiezan a tener conciencia de que ser escritor es un oficio- donde reflejan sus pensamientos tanto morales, como políticos o religiosos. Otro cambio importante se da en el propio concepto de las obras, dejando a un lado aquellas obras enciclopédicas escritas en el siglo XIII, sustituyéndolas por obras con textos más reducidos y más concretos. Podríamos decir que en el siglo XIV se produce el declinar o la decadencia del Mester de Clerecía.
Aparecieron obras y autores de relevada importancia. Obras como la Vida de San Ildefonso, datada a comienzos del siglo y considerada el último ejemplo de literatura hagiográfica del Mester de Clerecía. Escrita por un ex-Beneficiado de Úbeda, consta de 1.074 versos que narran la vida y milagros de San Ildefonso. Otra obra importante fue el Libro de miseria de omne, datada en la primera mitad del siglo y que llegó a nosotros copiada en un códice del siglo XV; nos cuenta, en un tono pesimista, macabro e irónico, las consideradas principales miserias humanas.
Junto a Don Juan Manuel, al Canciller Pero López de Ayala y al Arcipreste de Hita (que tienen desarrolladas páginas específicas en esta web) existieron otros escritores que merecen ser nombrados, como Alfonso Álvarez de Villasandino (1345?-1425?), poeta gallego portugués que llevó una auténtica vida de juglar y nos dejó una extensa obra en verso, escrita tanto en gallego como en castellano, de redondillas, coplas de pie quebrado y villancicos, o el judío castellano Sem Tob (Iem Tob) de Carrión, del que apenas se tienen noticias de su vida, no más que fue rabino de su antigua comunidad judía de Carrión de los Condes, y que desarrolló su actividad literaria entre 1340 y 1360, dedicada en exclusividad a temas sentenciosos y morales, dejándonos como legado su poesía litúrgica (piyyutim), sus Proverbios morales y su obra Debate del cálamo y las tijeras, adoptando el arte literario hebreo de la magáma. Otra figura importante literaria de este siglo fue el propio rey Alfonso XI de Castilla y León, conocido como el Justiciero; figura eclipsada en la historia por la de su abuelo Alfonso X y la de su hijo Pedro el Cruel, pero que, tanto en el campo político como en el literario, ejercicio una función envidiable. A nivel político devolvió a Castilla el esplendor perdido, y literariamente escribió magníficos poemas, donde su historia de amor con Leonor de Guzmán seguro que influyó positivamente, y un Libro de la Montería, donde recogió todo el conocimiento sobre las castas de perros y lugares de cacerías reales.
En definitiva, podríamos decir que en el siglo XIV se produce un despertar en el mundo literario y, especialmente, en la poesía con la utilización de nuevas formas de composición. |
Alfonso XI de Castilla y León
A los amores de una mora [fragmento]
Quien de linda se enamora atender deve perdón en casso que sea mora.
El amor e la ventura me ficieron ir mirar muy graciosa criatura de linaje de aguar; quien fablare verdat pura, bien puede decir que non tiene talle de pastora.
Linda rosa muy suave vi plantada en un vergel, puesta so secreta llave de la línea de Ismael: maguer sea cossa grave, con todo mi corazón la rescibo por señora.
Alfonso Álvarez de Villasandino
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