
Vicente
Aleixandre
Nació
en Sevilla en 1898, pero su infancia la vivió en Málaga, su
"ciudad del paraíso", hasta 1909, año en el que su familia
se trasladó a Madrid, lugar en el que residiría hasta su muerte.
Allí cursó la carrera de Derecho y la de Intendente Mercantil, que
terminaría en 1919. Trabajó como profesor en la Escuela Central de
Comercio y más tarde en los Ferrocarriles Andaluces.
Si
algo acompañó a Vicente Aleixandre durante toda su existencia fue
una salud muy débil. Así en 1925 su vida profesional se truncó ante
la aparición de una grave enfermedad renal que lo obligó, desde
entonces, a mantener una vida tranquila y retirada. Este hecho tuvo
una gran importancia en su vida literaria; se podría decir que fue su
nacimiento como poeta, el hecho que desencadenó que expresara sus
pensamientos y sus sentimiento a través de la poesía, que buscara
reafirmar con las letras lo que la sociedad le negaba al sentirse un
hombre disminuido e inactivo físicamente.

En
1926 aparecen sus primeros versos en la Revista de Occidente, y
dos años más tarde publica su primer libro Ámbito, en la
colección Litoral, que dirigían en Málaga Emilio Prados y
Manuel Altolaguirre.
En
el año 1933, tras una nueva crisis de salud y una operación donde se
le extirpa un riñón, escribe La destrucción o el amor; libro
por el que le otorgan el Premio Nacional de Literatura. Fue en
este año, y en los inmediatamente posteriores, donde mayor relación
tuvo con los otros escritores de su época, y que conformaron la
maravillosa Generación del 27. La llegada de la Guerra Civil
dispersó el grupo -muerte o exilio-. Vicente Aleixandre, resistió en
Madrid, con continuas recaídas de salud, hecho que, junto a su
condición de poeta maldito en esa época y en la posguerra, le
obligaron a apartarse aún más de la sociedad, convirtiéndose en un
exiliado
dentro de su propia tierra.

Poeta
entre poetas, Vicente Aleixandre, desarrolla a lo largo de su vida una
obra llena de coherencia y unidad, fiel reflejo y
transparencia de lo que fueron sus pensamientos; su realidad interna y
profunda, que supo expresar a la perfección con sus versos. Cada
libro suyo es su propio descubrimiento, un análisis sincero y
sencillo de su inmediatez constante, sin duda fruto de una vida
siempre al borde de acabarse. Palabras como amor y muerte son el trasfondo
de muchos de sus poemas.
Todo
pasa.
La
realidad transcurre
como
un pájaro alegre.
Me
lleva entre sus alas
como
pluma ligera.
Me
arrebata a la sombra, a la luz, al divino contagio.
Me
hace pluma ilusoria
que
cuando pasa ignora el mar que al fin ha podido:
esas
aguas espesas que como labios negros ya borran
lo
distinto.
Su
creatividad desembocó en una renovación de la poesía española, que
aún dura hasta nuestros días. Sus libros Espadas como labios (1932),
o Pasión de la tierra (1935) son un buen ejemplo de ello. Otra
obra como Sombra del paraíso (1944) nos presenta a un poeta
más nostálgico; nostálgico por ese paraíso perdido, por esa vida
fuera de la vida, buscando la vida. En Historia
del corazón (1954), el interés del poeta se centra en el propio
hombre y su carácter temporal. Finalmente, su última etapa poética,
tiene un marcado carácter filosófico, y escribe obras como los Poemas
de la consumación (1969), con el que consigue el Premio de la
Crítica, y los Diálogos del conocimiento (1974).
Desde
1949 fue miembro de la Real Academia Española, y en 1977 recibe el
Premio Nobel de Literatura. Murió en 1984.

SE
QUERÍAN
Se
querían.
Sufría
por la luz, labios azules en la madrugada,
labios
saliendo de la noche dura,
labios
partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se
querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se
querían como las flores a las espinas hondas,
a
esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando
los rostros giran melancólicamente,
giralunas
que brillan recibiendo aquel beso.
Se
querían de noche, cuando los perros hondos
laten
bajo la tierra y los valles estiran
como
lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia,
seda, mano, luna que llega y toca.
Se
querían de amor entre la madrugada,
entre
las duras piedras cerradas de la noche,
duras
como los cuerpos helados por las horas,
duras
como los besos de diente a diente solo.
Se
querían de día, playa que va creciendo,
ondas
que por los pies acarician los muslos,
cuerpos
que se levantan de la tierra y flotando...
Se
querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía
perfecto, se querían tan íntimos,
mar
altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad
de lo vivo, horizontes remotos
ligados
como cuerpos en soledad cantando.
Amando.
Se querían como la luna lúcida,
como
ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce
eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde
los peces rojos van y vienen sin música.
Día,
noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas
nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar
o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal,
música, labio, silencio, vegetal,
mundo,
quietud, su forma. Se querían, sabedlo.
Vicente
Aleixandre