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“¡VEN A VERME!”
Miuris
Rivas
Pretendo
internarme en la campiña de la provincia de Cádiz y
explorando sus viñedos, ir descubriendo los vinos de Cádiz.
Por el momento, inicio mi transitar eligiendo un vino
que además de su propia historia, tiene paralela a ésta,
otra que forjé a través de un anuncio publicitario
ante una botella con personalidad propia, El Tío Pepe.
Evidentemente
debo echar mano a la fantasía, ya que todo cuanto
escriba mientras tanto, será fruto de ella, hasta que
personalmente compruebe lo que producto de
investigaciones, escribo hoy.
El
siglo XIX, estaba en su mitad, cuando dos visionarios
apasionados del vino, Don Manuel María González y su tío
Pepe, incursionaron en el mágico mundo del néctar de
los dioses.
A
una edad en la que todavía pueden avistarse unicornios,
y no dudo yo que entre tantos caballos andaluces,
pudiera darse el fenómeno de que se infiltrara entre
ellos, un inicornio, veintitrés años, tenía el
fundador de las Bodegas González Byass, cuando buscó
el asesoramiento de su tío Pepe.
Tío
y sobrino crearon una bodega donde el misterio, era una
atracción más de los hermosos rincones que fueron
agregándose al hábitat de la bodega, a partir de ahí,
el vino tuvo en Cádiz, además de fama, ilusión,
quimera… …
Después
de nueve años de iniciado el proyecto, Manuel María,
cedió a Don José Ángel de la Peña, su tío Pepe, una
bodega para que éste creara un fino a su antojo,
logrando como resultado, una excelente experiencia que
se comercializó exitosamente a través de Robert Blake
Byass, agente de la empresa en Gran Bretaña.
El
fundador entusiasmado y considerándose en deuda con su
tío por el triunfo de su vino, escribió en una de las
botas “Solera del Tío Pepe”, naciendo de esa manera
tan familiar el vino que a través del tiempo se ha
convertido en el fino de Jerez más conocido y vendido
en todo el mundo.
El
Tío Pepe, es uno de los productos españoles de más
presencia en todos los países del mundo.
Una
quinta generación de descendientes directos de su
creador, es el saldo que hasta el presente, ha otorgado
la genética a este grupo. Ciento setenta años de
fundada lleva la bodega de Jerez de la Frontera, que es
sin lugar a dudas, la ciudad gaditana con más abolengo
en cuanto a viñedos y vinos se refiere.
Más
de 250 mil visitas, veneran al año el origen de marcas
tan famosas como Tío Pepe, Matusalém y Noé, cuya
aceptación las hace objeto de culto.
Este
grupo además se ha diversificado elaborando en La
Rioja, Reservas, Crianzas y Gran Reserva, al más puro
estilo D.O. La Rioja, bajo la firma de Bodegas Beronia.
En Cataluña, amparados por la D.O. Penedés y en
Toledo, desarrollan un ambicioso proyecto con Altozano,
producto de la nueva bodega.
Volvamos
a Cádiz, que más que Tacita de Plata, yo le llamaría
la Fina Copa,
ya que allí se concentra parte importantísima de lo
que es la siembra de la uva y posterior elaboración de
vinos en España.
Esta
firma es un puntal en Andalucía, su fama y solera, son
cualidades determinantes a tomar en cuenta.
Como
si no fuera suficiente con la calidad de sus vinos,
visitar las instalaciones de González Byass es una
atracción inolvidable.
¡Ven
a verme! Es el slogan de Tío Pepe y como tal, yo acepto
su invitación y lo marco en mi cuaderno de viaje,
anotadas las coordenadas GPS para mi piloto. Allí tendré
un reencuentro con Tío Pepe y además iniciaré la ruta
por el encantador panorama de Bodegas González Byass,
todo un espectáculo para los ojos y esparcimiento para
el alma.
En
abierta posesión del Parnaso, seré una Musa más y
vestida de poesía, recogeré geranios rojos, entrando
al Jardín Romántico para catar, bajo la fronda del
naranjo-limonero, una copa de Tío Pepe, para continuar
la Ruta del Brandy, me reservo el derecho de caer
rendida en brazos de Morfeo.
Bodega
de la Concha, Bodega de San Manuel, donde espero aspirar
los cautivantes aromas del brandy en Crianza. Patio de
Lepanto, el Cuarto de Muestra donde se gozará mi espíritu
admirando las botellas de las muestras originales de los
envíos hechos a Gran Bretaña, conservadas allí desde
1887, tal y como fueron dejadas por el fundador de la
bodega. Muchos son los tesoros que guarda este santuario
del vino, viejos alambiques, la Catedral del Brandy, ¡Sugestiva!
Museo de la Viña, la Bodega Cuadrada, “El Cristo”,
Santo Dios, que irreverente tentación. Los Apóstoles,
Bodega Solera 1847, mágicos, enervantes espacios que
hacen de la tierra un paraíso.
¡Todavía
hay uvas y por supuesto, vinos!
Los
Reyes, donde reposan vinos con historia y se encuentran
las firmas de Reyes Españoles que han visitado el
lugar, desde Isabel II, hasta Juan Carlos I, además de
las firmas de personajes famosos que han estado allí,
todo esto bajo la tenue luz del patio de la Vieja Parra,
¡Ah, que divino momento!
Sueño
con visitar Cádiz de nuevo y llegar hasta Jerez, mis
ojos no querrán ver otra cosa antes de ver las Bodegas
González Byass, visitar la bodega La Constancia,
embeberme el aliento que se respira, entre el mar y la
sierra, enmarcado en una naturaleza pródiga donde mi
alma realizará la vendimia más fructífera aferrada a
la reja del Patio Andaluz, “mis párpados se cierran,
¿Qué sucede? ¡Silencio! Es el amor que pasa… a
Ciegas, seguiré caminando por la Calle Emparrada para
al fin albergarme bajo la cúpula de la Gran Bodega Tío
Pepe, antes de hurtar un Racimo de uvas moradas, húmedas
de rocío, seductoras, lujuriosas en su imponente altar
de diosas de las que se extrae el néctar que liban los
dioses.
Me
detengo, me
desdoblo, abandono la vestidura de mi cuerpo y me
convierto en una Musa para ser en adelante la divinidad
que guarde esta reliquia.
¡Salud
con Tío Pepe!
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