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El
trompetista Erik Truffaz
es uno de los músicos contemporáneos más interesantes, más
arriesgados, y practica un jazz en el que se reconoce la huella
del Miles Davis eléctrico, pero que transita por horizontes aún
más amplios, tal como demuestra en su nuevo álbum, Arkhangelsk.
Erik Truffaz
ha sido, con trabajos pioneros como The Dawn
y The Mask, el principal causante de
toda una revolución en el mundo del jazz europeo. Ha sabido
encauzar de manera original y brillante, partiendo de formaciones
plenamente jazzísticas, la influencia ineludible de los sonidos
del hip hop, del drum’n’bass y demás vertientes del dance más
actual, para crear una lucida amalgama musical donde se combinan
sin prejuicios el pasado, el presente y el futuro.
A Erik
Truffaz se le ve la sombra de Miles
Davis, pero la conexión va mucho más allá, ya que también
se le intuyen algunas de las ideas avanzadas por el genio de
Illinois. Apoyado en un sólido academicismo interpretativo que
incluye musculosos conocimientos de la tradición del jazz, la música
clásica y contemporánea, el francés plantea un juego
experimental en constante búsqueda del hallazgo. Para ello se
vale también de nuevos lenguajes urbanos como el acid-jazz o el
hip-hop -sin olvidar su pasado rockero- y las nuevas sonoridades
que confiere la tecnología. El latido electrónico que impulsara
Miles, vaya, aquí se evidencia con todo su esplendor.
Erik Truffaz se ha colocado por derecho propio en la cúspide
del jazz europeo, incorporándose con voz propia a una insigne
lista de trompetistas continentales entre los que se encuentran,
dejando a un lado la autoridad incontestable de Enrico
Rava, Paolo Fresu o Nils
Petter Molvaer. Tras obtener los máximos parabienes y
reconocimientos del jazz galo y firmar en la pasada década por el
prestigioso sello Blue Note,
Truffaz ha ido consolidando en estos años un discurso creativo
marcado por todas las estéticas y tendencias, proponiendo tanto
lacerantes y distorsionadas recreaciones rockeras como hermosas
baladas ancladas en las escuelas cool y post-bop.
En el catálogo particular del francés figuran joyas discográficas
de gran valor como The Dawn, The Mask
o Mantis, teniendo en la actualidad
como últimas referencias el excelente Walk
of the giant turtle y la reedición de su álbum Bending
new corners. En buena parte de estos títulos, Truffaz
comparte gloria musical con los miembros del cuarteto con el que
se presenta en directo, y que integran el bajista Marcello
Giuliani, el pianista y teclista Patrick
Muller y el baterista Marc Erbetta,
con el que fundó, durante su estancia en los noventa en Suiza, el
grupo Orange.
Los conciertos de Erik Truffaz cuentan con merecidos argumentos
para entrar a formar parte de la memoria permanente de los
espectadores, por la riqueza musical de su propuesta y su elevada
intensidad emocional
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