zaragozaSi por algo se caracterizan los fogones aragoneses es por una cocina sencilla y sin pretensiones, que ha recibido influencias de áreas como Navarra o La Rioja. Concretamente, y en un terreno mucho más pragmático, Zaragoza es conocida sobre todo por el popular chilindrón, una salsa a base de tomate y pimiento que suele acompañar carnes como la de pollo. Asimismo, la capital maña también cuenta con otros buques insignia, como los huevos al samorrejo (que no salmorejo) o el bacalao al ajoarriero, una fórmula también muy apreciada por los navarros.

 

En cualquier caso, la cocina zaragozana también se caracteriza por su innegable apego a la carne de cordero. Ésta admite múltiples formas de preparación, ya sea en forma de caldereta o bien recurriendo a la deliciosa menestra de cordero a la pastora, preparada en cazuela de barro. No obstante, el recetario local también hace un hueco a otros tipos de carne, como refleja el ternasco al horno. En el caso del cerdo, no hay que perder de vista las ricas magras de jamón con tomate, el lomo de cerdo a la zaragozana (rebozado con harina y guisado en una cazuela a fuego fuerte) o la inconfundible morcilla de Aragón.

El ternasco de Aragón, su producto estrella, está considerado una de las mejores carnes de cordero que existen. Proviene de animales con 90 días alimentados con leche materna y cereales naturales, con un peso en canal entre los 8 y los 12,5 kilos, de las razas autóctonas aragonesas ojinegra de Teruel, roya bilbilitana y rasa aragonesa, las únicas aceptadas en la Indicación Geográfica Protegida Ternasco de Aragón. Lo más habitual y típico es disfrutar de esta carne asada, presentada en plato o en bocadillo, quizás acompañada por especias, salsas, alguna verdura e incluso queso fresco, aunque el ternasco también se hace a la brasa o en caldera.

Por lo que atañe a los vinos, Zaragoza es una de las principales provincia vinícolas de España. Sus vinos empiezan a tener el reconocimiento de otras zonas vitivinicolas de España, y sus DD.OO como Cariñena, o Campo de Borja, son ya muy apreciados por los consumidores. Los tintos deben criar por lo menos dos años y pasar un mínimo de seis meses en barricas de roble. Son perfectos para acompañar carnes rojas y de caza, así como asados. Los rosados brindan un buen maridaje con el arroz y la pasta, mientras que los blancos (o pajarillas) combinan bien con pescados en salsa y los platos a base de verdura. Finalmente, los generosos y dulces son muy indicados para los postres.

Y hablando de postres, el muestrario zaragozano es muy generoso, y el visitante tendrá la opción de disfrutar de las tartas de Daroca, los bizcochos de Calatayud (o Alhama de Aragón), las frutas de Aragón (confitadas y envueltas en chocolate), los melocotones al vino, las tripas de monja, los roscos de Vástago y Nonaspe, las yemas de Sábada y los crespillos o la hoja del cogollo de la borraja —sí, sí, es una verdura— rebozada y recubierta de azúcar. Y por supuesto, sería imposible no referirse a los célebres adoquines. Esto es, caramelos rectangulares de gran tamaño que llevan como envoltorio la imagen de la Pilarica.

En Zaragoza, podeis visitar algunos de los establecimientos que nuestros socios nos recomiendan. 

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