becerra fachadaRESTAURANTE ENRIQUE BECERRA (SEVILLA).

Calle Gamazo, 2. 41001. Sevilla.
 
Teléfono de reservas: 954 213 049

Sitio web: Restaurante Enrique Becerra

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Relación calidad-precio: 

Presentación: 
 
Cocina: 

Servicio: 

Mala Aceptable Buena Muy Buena Excelente


 

Octubre, es siempre un mes muy especial para todos los que venimos haciendo la web: www.apoloybaco.com; pero este mes de octubre de 2019, lo es por partida doble, dado que cumpliremos el próximo día 25, nuestra mayoría de edad en Internet.

Sí, ya han transcurrido 18 años, desde aquél lejano 25 de octubre de 2001, —el primer año del tercer milenio, del calendario gregoriano—, cuando tres amigos, que hoy continuamos siéndolo, empezamos esta aventura cibernética, que nadie sabía como iba a transcurrir. El mundo, en aquél lejano otoño de 2001, era muy distinto al que conocemos hoy; en Internet, echar dieciocho años la vista atrás, y situarnos en 2001, es casi como viajar a la prehistoria. Causalidad o no, lo cierto es que el día de la fundación de Apoloybaco, coincidió con uno de los acontecimientos informáticos más importantes del Siglo XXI, ya que el 25 de octubre de 2001, fue la fecha elegida por la empresa estadounidense Microsoft, dirigida por Bill Gates, para lanzar al mundo su nuevo y revolucionario sistema operativo: Windows XP, el primer software de la compañía orientado para el consumidor.

Nuestra web creció y se desarrolló al mismo ritmo, que avanzaban las nuevas tecnologías, y así nació, en 2006, la Asociación Apoloybaco, un espacio cultural que pretendía, y lo consiguió, ser una ventana abierta a las inquietudes culturales que, en torno a la música de jazz, la enología y la literatura —luego agregamos la gastronomía—, se desarrollaban en Sevilla, la ciudad en la que vivimos y nos desarrollamos.

Y aquí seguimos. En el transcurso de estos dieciocho años, —siempre lo decimos—, lo mejor es habernos encontrado en el camino, a decenas y centenares de amigos, de personas, que nos han permitido compartir con ellos nuestras inquietudes, nuestras vivencias y nuestras experiencias en el ámbito cultural, formativo y divulgativo, que nos movemos. El tiempo dirá hasta cuando, pero mientras tanto, queremos manifestar nuestra voluntad de perseverar en esa idea, en este proyecto, que sigue siendo hoy, de manera inequívoca, Apoloybaco: Un punto de referencia ineludible cuando se trata de hablar de jazz, de vinos, de literatura o de gastronomía en Internet y en castellano y en España.

Y dicho esto, pasamos a presentaros el Restaurante Enrique Becerra, un clásico de la restauración sevillana y al que, después de algún tiempo de ausencia, hemos vuelto a visitar.

La ocasión ha sido con motivo de celebrar en uno de sus salones, una de las habituales catas enológicas que un grupo de amigos, profesionales de la enología, unos, y aficionados otros, pero todos relacionados de alguna manera con la Asociación Apoloybaco, hacemos con regularidad.

Enrique Becerra, siempre, incluso en los peores momentos de esta crisis económica, que cuando todavía no ha acabado, ya nos anuncian la siguiente, se ha puesto a disposición de Apoloybaco, de manera altruista y generosa; en sus salones se han reunido, de manera ininterrumpida, los miembros del jurado del concurso literario de Apoloybaco entre 2007 y 2010; Apoloybaco presentó su libro “El pintor de las mujeres sin rostro” en la Fundación Madariaga en el año 2012, y colaboró con la sección de literatura de Apoloybaco, en una de nuestras actividades culturales en el recinto de la Feria del Libro de Sevilla en 2013. Asimismo, patrocinó durante el tiempo que se convocó el certamen literario de nuestra asociación, con la dote económica del premio a la “Creación Literaria Sevillana”.

Por lo tanto, volver al restaurante de Enrique Becerra, ha sido casi como volver a nuestra casa, un auténtico placer, y la verdad es que, sobre todo, gastronómicamente ha sido todo un acierto por parte de nuestro amigo y compañero de cata, Javier Compás, que ha sabido con tino, elegir a uno de los mejores restaurantes de Sevilla, para realizar una de nuestra catas.

El Restaurante Enrique Becerra, en el número 2 de la calle Gamazo de Sevilla, ocupa dos casas pequeñas del siglo XVII, restauradas y unificadas a principios del XX con la actual ornamentación regionalista. Cinco generaciones de esta familia han paseado su maestría culinaria por Sevilla, debiéndose al quinto exponente de esta célebre saga hostelera la fundación, en 1979, de este singular templo culinario. Por lo tanto, estamos hablando de que el próximo 31 de octubre, casi coincidiendo con el aniversario de nuestra web, el restaurante de Enrique Becerra, cumplirá 40 años abriendo al publico. Y llegar hasta ahí no es fácil. Al contrario, en un entorno muy competitivo como es la restauración sevillana, pocos restaurantes pueden presumir de tamaña efemérides.

Su actual propietario, Enrique Becerra Gómez nació en el sevillano barrio de San Román en 1957. Hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de hosteleros. Sus primeros pasos en el gremio los dio en el negocio familiar y, con veintidós años, ya regentaba su propio restaurante en la calle Gamazo de Sevilla en el que sigue atendiendo diariamente a sus clientes. Con el paso del tiempo su restaurante se ha convertido en el local literario de Sevilla por excelencia; sitio de presentaciones de libros, de tertulias literarias o, simplemente, de encuentro entre aficionados a las letras. En 1983, en The New York Times se podía leer "The best meal in Andalusia" refiriéndose a su restaurante, que hoy recomendamos.

Defensor a ultranza de la cocina y las materias primas españolas, no duda en acudir a cualquier capital europea a representarla y promocionarla. Para dar cuenta de las magnificas especialidades de esta cocina, andaluza hasta la médula, habría que comenzar por alabar su cuidado a la hora de seleccionar productos de máxima calidad, atendiendo en todo momento a los típicos de esta tierra y de cada temporada. En sus fogones se mantiene siempre encendida la llama de las tradiciones culinarias heredadas de su familia, y al mismo tiempo, introduciendo ciertos toques personalísimos que acercan sus recetas a culturas y civilizaciones ancestrales que dejaron su impronta en Sevilla a lo largo de la historia, como la romana, la árabe, o la sefardí, entre otras.

Centrándonos ya en lo que fue la cata y el almuerzo en sí, nuestros amigos Javier Compás, y Enrique Becerra, diseñaron una cata maridada inspirada en un viaje alrededor del mundo vinícola y gastronómico, coincidiendo con la celebración del 500 aniversario de la primera circunnavegación de la Tierra, iniciada en Sevilla bajo el mando de Fernando de Magallanes, y culminada con la llegada a Sanlúcar de Barrameda tres años después, de la única nave superviviente de la aventura, la Nao Victoria, bajo la capitanía de Juan Sebastián Elcano, tras la muerte en el viaje de Magallanes.

Os dejamos, a partir de aquí, el artículo completo sobre la reseña de la cata y las imágenes del menú que la armonizó, realizado por Javier Compás, y publicado recientemente en su prestigioso blog: “Gastrobaris”.

becerra vinosLa cata se inició con un fino de añada de Jerez: “Williams & Humbert Colección Añadas Fino en Rama 2012”, un fino de crianza estática cuya saca tuvo lugar en Abril de 2019 y que en la cata presentó un color amarillo dorado intenso, con una profunda nariz con recuerdos de flor (levaduras), almendra tostada y un fondo lácteo. Palomino Fino procedente de los pagos de Añina y Carrascal, con edades de las cepas de entre 20 y 60 años creciendo en las suaves lomas albarizas de la zona. Acompañó de maravilla una Brochetita de chipirón a la plancha y gambas, llena de color y sabor. Este vino ha sido el elegido por Apoloybaco, como vino del mes recomendado en octubre.

Cruzando el Atlántico llegamos al norte de América, de donde nos llega el “Kenwood Sonoma County Chardonnay 2016”, un excelente Chardonnay californiano cuyas uvas proceden del famoso Russian River Valley del Condado de Sonoma. Un vino fresco, envolvente, con evidentes notas cítricas, fruta fresca tropical, cuerpo y untuosidad propios de la variedad reforzadas por su crianza de 6 meses en barricas de roble francés y húngaro, con una nota final de dulzor. Junto este vino blanco una intensa de sabor Tosta de txangurro gratinada con salsa holandesa, de fantástico maridaje.

Y entramos en la cata de los cinco vinos tintos programados, bajando por la misma costa americana del Pacífico hasta el Valle del Aconcagua en Chile para probar un “Errazuriz Estate Series Carménere 2016”. Elaborado con la característica uva Carménere chilena completada con Syrah y Petite Syrah, el 70% de este tinto se guarda 7 meses en barricas de roble francés, presentando en la cata una capa ligera de color rojizo con notas de pimiento en nariz y mejorando mucho en boca, fácil de beber, ligero y sin aristas. Enrique Becerra ideó para acompañarlo una típica Empanada chilena esta vez cocinada con atún.

Saltamos a la vecina Argentina para recalar en su zona vinícola por excelencia, Mendoza, descorchando “El Enemigo Malbec 2015”, un vino granate intenso, elegante, con notas de frutos rojos maduros y especias. Junto a la típica Malbec, Cabernet Franc y Petit Verdot, uvas cultivadas a más de 1.400 metros de altitud. Recibe 18 meses de crianza en barricas de roble francés (35% nuevas). Un corte de carne muy argentino, la entraña, fue feliz acompañante, esta vez de una carne de gran calidad procedente del Valle del Esla.

Tras cruzar el Pacífico recalamos en los vinos del Nuevo Mundo británico, donde ha arraigado desde hace mucho el mundo del vino. Y el primero de ellos un “Saxenburg PC Pinotage 2017”, tinto elaborado con la autóctona uva Pinotage, un cruce entre la Pinot Noir y la Cinsault, que se cultiva en la región sudafricana de Stellenbosch. Envejecido durante 12 meses en barricas nuevas y semi nuevas de roble americano (80%) y francés, presenta en cata un brillante color granate, con notas minerales en nariz y un paladar fresco y envolvente. Becerra buscó para este vino una receta típica del país, como es la Bobotie, una especie de pastel de carne de cordero especiado, con un toque agridulce.

El siguiente tinto fue “Penfolds Koonunga Hill Seventy Six 2016”. Vino del Sur de Australia procedentes de uvas Syrah y Cabernet Sauvignon, procedentes de viñedos de las prestigiosas zonas de Barossa Valley, McLaren Vale y Adelaida Hills, que se envejece durante 8 meses en barrica de roble francés y americano, que dan una nota de sutil madera a un vino que deja también evidentes recuerdos a frutos rojos, resultando muy redondo y envolvente. Una Hamburguesita de canguro fue el maridaje para este vino australiano.

Cerramos el recorrido por esta colección de tintos internacionales con el “Pegasus Bay Pinot Noir 2013” procedente de la prestigiosa región vinícola de Waipara en Nueva Zelanda. Monovarietal de Pinot Noir que reposa 18 meses en barricas nuevas (30%) de roble francés. Un granate de capa media con notas en nariz de frutos rojos maduros y elegante madera, en boca cierta potencia y un final muy refinado. El maridaje fue un plato de Albóndigas de pato con salsa de frutas, con notas dulzonas, de especias y naranja.

Terminamos nuestro viaje vinícola y gastronómico en las españolas Islas Canarias, de ellas nos llegó “Ignios Orígenes Listán Blanco 2012”, vino blanco dulce con crianza de 4 meses en roble francés, procedente de la D. O. Ycoden – Daute – Isora, de un amarillo dorado, muy aromático, con notas de pera en almíbar y flores, denso y goloso en el paladar, de acidez equilibrada y con notas dulces y amargas a la vez. Acompañó el postre, una Torta Inglesa de Carmona con pudín de naranjas amargas.

En resumen, una cata de nivel, con vinos poco usuales y el magnífico acompañamiento de la cocina y el gran servicio de sala de Restaurante Enrique Becerra.

2009 becerra i encuentro cultural premioNo queremos dejar pasar por alto, que el 40 aniversario del restaurante Enrique Becerra, casi coincidirá en el tiempo, con la celebración en Sevilla (noviembre de 2019), de la presentación de la Guía Michelín para España y Portugal 2020; sin duda un acontecimiento de primerísimo nivel en la capital de Andalucía, y que situará a la capital andaluza, en el mapa gastronómico mundial. La cocina andaluza en general, y la sevillana en particular, están de enhorabuena por este acontecimiento, y probablemente sea un buen momento, y un adecuado foro, para debatir acerca de la históricamente poca presencia de los establecimientos sevillanos en la preciada guía gastronómica. Quizás el sevillano, que idolatra la cultura de la tapa, y le cuesta trabajo salir de su zona de confort en materia gastronómica, rehúye en exceso la oferta de mesa y mantel. 

Lo cierto es, que si hacemos un breve repaso histórico, en Sevilla solo unos pocos establecimientos, lograron tener la ansiada “Estrella Michelín”, y por orden cronológico fueron: El Hotel Comercio de Écija, entre 1929 y 1936, —fue la primera “Estrella Michelín” de Andalucía—; La Antigua Casa de la Viuda, (1936-1939); El Burladero (1974-1977); Egaña Oriza (1989-2000); El restaurante de Pello Roteta en Triana (1994-1995); La Taberna del Alabardero (1995-2001); Hacienda Benazuza, en Sanlúcar La Mayor (2003-2005); Restaurante Santo, de Martín Berasategui (2011-2013); y el único establecimiento que todavía hoy la ostenta, el de nuestro amigo y admirado chef, Julio Rodríguez en Abantal, que la consiguió en 2009, y todavía hoy presume justamente de ella.

Sin duda alguna, detrás de cada reconocimiento gastronómico de la Guía Michelín, hay una historia de cocineros, familias de restauradores, tradiciones culinarias, y cocineros innovadores y creativos, que manifiestan, a través de sus recetas, y de sus platos, su personalísima visión de cómo cocinar en el mundo actual. Es muy probable, que al restaurante de Enrique Becerra, —ojalá nos equivoquemos—, nunca se le reconozca ese preciado galardón gastronómico en forma de “Estrella Michelín”; quizás su restaurante no se ajuste a los cánones establecidos por los inspectores de la guía; pero a su fiel clientela, a las dos generaciones de sevillanos que han visitado su restaurante, y han disfrutado durante 40 años con sus recetas, y probablemente a él mismo, todo eso no le importe. No hay mejor reconocimiento para un hombre de la hostelería, que ser profeta en su tierra, y Enrique Becerra, tuvo el honor de que su restaurante, fuese reconocido públicamente por el Ayuntamiento de Sevilla, en 2018, como parte del “Patrimonio Gastronómico”, de Sevilla.

Si pasan por Sevilla, no lo duden, visiten este templo gastronómico sevillano, que aúna en su cocina: producto, tradición, inventiva y creación. 

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