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La Cebolla pertenece a la familia del lirio, típicas de las regiones templadas del norte y  tuvo su origen en Asia Central. De todas las cebollas conocidas, sólo unas 20 especies son importantes como alimentos humanos, y han sido apreciadas desde la antigüedad. Las Cebollas se cultivan principalmente con sus bulbos subterráneos, formados por bases foliares hinchadas o “escamas” que almacenan energías para la siguiente temporada de crecimiento, y se mantienen en buenas condiciones durante meses. Esta reserva de energía se almacena en forma de polímeros de fructosa que se rompen con una cocción larga y lenta produciendo una acusada dulzura. 

La clave del atractivo de la familia de la cebolla es un fuerte sabor sulfuroso y a menudo picante. La cocción transforma ésta química en una cualidad muy sabrosa, casi carnosa, que añade profundidad a muchos platos en muchas culturas. En el sabor típico de la cebolla cruda, encontramos notas de manzana y amargor. Uno de los compuestos de azufre hace que nuestros ojos lloren al cortarla  ya que ésta sustancia volátil escapa de la cebolla cortada al aire y llegando a los ojos y nariz del que la corta. Para minimizar estos molestos efectos podemos enfriar la cebolla, antes de cortarla, en agua con hielo de 30 a 60 minutos.
Es bien sabido que la cebolla estimula el apetito, es diurética y por lo tanto es depurativo para el organismo. La cebolla es rica en minerales y oligoelementos,  y en vitaminas C y E, así como en  ácido fólico.

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