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Dice la historia que el primer flamenquín se degustó en la localidad de Bujalance, como afirma un estudio realizado por Alejandro Ibáñez, gastroarqueólogo de la Universidad de Córdoba, teniendo su origen en los primeros cristianos, que habitaban la localidad.

No en vano, el cerdo fue un manjar extendido por los romanos, que se asentaron entre el mundo ibérico y el Guadalquivir, como demuestra la arqueología de varios asentamientos. Se trata de un plato histórico e inteligente, por sus propiedades alimenticias, que aporta la carne fresca, la curada, el pan, el huevo y el aceite de oliva.

La receta ancestral es: filete de cerdo empanado y enrollado sobre jamón serrano y tocino, y frito en aceite de oliva virgen extra. 

Se cree que el nombre de flamenquín, se deba por lo tieso y aflamencado que quedaba su apariencia. En este sentido, es singular la tradición y el seguimiento que Bujalance profesa a este arte.

La procedencia del Flamenquín, no demasiado antiguo, está documentada en la provincia cordobesa, aunque algún estudio sitúa su origen en los pueblos de la campiña sevillana, (La Campana, Fuentes de Andalucía, o Écija), siendo esta última localidad por su proximidad con Córdoba el lugar desde donde supuestamente saltó a la ciudad de los Califas.

Cordobés o sevillano, lo cierto es que el flamenquín ha llegado hasta nuestros días con una bien ganada fama de tapa de extraordinaria calidad, y sus componentes originales fueron el escalope de ternera cortado muy fino y relleno de jamón serrano y rebozado con huevo y pan rallado y frito. Con el tiempo el escalope de ternera ha sido sustituido en muchos locales por el de cerdo o el de pollo. En el fondo, el Flamenquín es un sencillo empanado que en vez de hacerse a la milanesa, como el San Jacobo, o sea, plano tipo filete, se hace envolviendo la carne con el jamón como un rulo.

También es muy comúnmente aceptado que su nombre proviene de la semejanza de su color rubio cuando está rebosado y preparado, con el uniforma de la soldada flamenca en la época del Rey Carlos I, aunque otros escritores culinarios también consideran la posibilidad de que su nombre esté relacionado con el cante flamenco. 

 

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