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Originario de la India, el mango tiene tras de sí más de seis mil años de antigüedad. El mango está considerado una de las frutas tropicales más importantes y se utiliza en infinidad de recetas a lo largo y ancho del mundo, aunque conviene saber que si por dentro es exquisito, su piel no puede ser ingerida al revelarse como un potente tóxico.

De aroma embriagador, de sabor semi ácido, y de pulpa carnosa y textura melosa, el mango ha protagonizado un papel importante en las distintas culturas de la humanidad, tanto en su árbol como en el propio fruto. Básicamente hay dios tipos de mango, el indio y el filipino, diferenciándose uno del otro en la forma mas alargada y de colores menos viva que existe en el segundo. Gran suministrador de vitaminas A y C, su poder antioxidante, aunque se ha exagerado en demasía, es notable. Últimos estudios realizados en varias universidades norteamericanas han constatado que su ingesta reduce notablemente el crecimiento de células cancerosas de mama y colon.
A la hora de comprar el mango, este debe tener la carne firme, pero no en exceso porque estará todavía sin madurar. Debe ser conservado en lugar fresco, preferentemente en la zona menos fría de la nevera donde puede estar varios días, dependiendo del punto de madurez a la hora de comprarlo. Podemos aprovechar los mangos que se nos han pasado (cuando están muy blandos) para batidos que nos quedaran muy cremosos y dulces. En la cocina nos permite su utilización tanto en recetas dulces como saladas, acompañamientos de carnes, aves, pescados, ensaladas, vinagretas, postres,  pasteles, mousses, cremas, salsas, ensaladas, postres, mermeladas , compotas y zumos.

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