La historia de la patata como elemento gastronómico del ser humano tiene muchas teorías, y ya en los archivos de nuestra ciudad, está documentado que en el año 1575 el Hospital de la Hermandad de la Caridad de Sevilla pasaba por eventuales dificultades económicas y por el consejo de alguno de los indianos repatriados, los hermanos utilizaron las patatas que se cultivaban en algunas heredades a orillas del Guadalquivir, para alimentar a los enfermos, obteniendo una buena aceptación por parte de éstos.

Sin embargo la tradición culinaria de la torta o tortilla se remonta al ovorum, o tradicional torta de huevo que los romanos hacían a base de leche y huevos pero sin patatas, la llegada del famoso tubérculo de las Américas supuso el complemento perfecto para inventar la tortilla de patatas. Aunque fue muy usada desde el siglo XVI, el cultivo de patata no se popularizó en nuestro país hasta finales del siglo XVIII, incluso al principio fue considerada como una planta no apta para el consumo humano. La patata era considerada hasta esa fecha como solución alimenticia poco valorada culinariamente, pero útil para paliar las terribles hambrunas de la época. 

Fue el cronista e historiador y conquistador del Perú, Pedro Cieza de León (Llerena, España, 1520- Sevilla, 1554) el primer naturalista que da cumplida información de esta planta. En repetidas ocasiones relata la existencia de las "papas", que coteja con las turmas (testículos o criadillas) de tierra. Refiere el uso que del tubérculo hacen los indios: "...después de cocido queda tan tierno por de dentro como castaña cocida; no tiene cáscara ni cuesco...".

La patata fue al principio una comida exclusiva de pobres y arraigó tan fuertemente en toda Europa que en época de malas cosechas llegó a causar la gran emigración irlandesa a Estados Unidos. De España pasó a Portugal, Italia y Francia. A Inglaterra e Irlanda llegó sobre 1586 y en 1610 a Holanda. En toda Europa se usó principalmente como planta ornamental de jardines y patios, pero pronto empezó su tímido consumo entre las clases más pobres que accedían de forma mínima al consumo de las castañas por la epidemia que terminó con la mayoría de los castaños de Europa y que fueron el alimento básico de la población antes de la llegada de las patatas.

Hay muchas teorías acerca del origen de la tortilla de patatas. Algunas más creíbles que otras, pero todas válidas en la medida que no tenemos datos concretos para situar el nacimiento del plato español más popular: la tortilla de patatas. En los archivos de nuestra ciudad, está documentado que ya en el año 1575 el Hospital de la Hermandad de la Caridad de Sevilla pasaba por eventuales dificultades económicas y por el consejo de alguno de los indianos repatriados, los hermanos utilizaron las patatas que se cultivaban en algunas heredades a orillas del Guadalquivir, para alimentar a los enfermos, obteniendo una buena aceptación por parte de éstos.

Sin embargo la tradición culinaria de la torta o tortilla se remonta al ovorum, o tradicional torta de huevo que los romanos hacían a base de leche y huevos pero sin patatas, la llegada del famoso tubérculo de las Américas supuso el complemento perfecto para inventar la tortilla de patatas. 

Aunque fue muy usada desde el siglo XVI, el cultivo de patata no se popularizó en nuestro país hasta finales del siglo XVIII, incluso al principio fue considerada como una planta no apta para el consumo humano. La patata era considerada hasta esa fecha como solución alimenticia poco valorada culinariamente, pero útil para paliar las terribles hambrunas de la época.

Fue el cronista e historiador y conquistador del Perú, Pedro Cieza de León (Llerena, España, 1520- Sevilla, 1554) el primer naturalista que da cumplida información de esta planta. En repetidas ocasiones relata la existencia de las "papas", que coteja con las turmas (testículos o criadillas) de tierra. Refiere el uso que del tubérculo hacen los indios: "...después de cocido queda tan tierno por de dentro como castaña cocida; no tiene cáscara ni cuesco...".

La patata arraigó tan fuertemente en toda Europa que en época de malas cosechas llegó a causar la gran emigración irlandesa a Estados Unidos. Fue a mediados del siglo XIX cuando la tortilla de patatas se popularizó en casi toda España, siendo adoptada en todos los hogares por sus efectos beneficiosos tanto para la nutrición como para la economía doméstica; deviniendo en tapa o ración obligada en tascas, cantinas y figones de la Villa y Corte.

El primer documento conocido en español en el que aparece una referencia a la tortilla de patata es navarro. Se trata de un anónimo titulado: "Memorial de la ratonera", dirigido a las Cortes en 1817, y en él se explican las míseras condiciones en las que viven los agricultores comparándolos con los habitantes de Pamplona y de la Ribera. Después de una larga enumeración de los míseros alimentos tomados por los montañeses aparece la siguiente cita: "...dos o tres huevos en tortilla para cinco o seis, porque nuestras mujeres la saben hacer grande y gorda con pocos huevos mezclando patatas, atapurres de pan u otra cosa...".

En cualquier caso y leyendas populares aparte, la tortilla de patatas ha pasado a ser con el transcurrir del tiempo en uno de los platos por antonomasia de la cocina española y según estudios reciente, alrededor del 45 % de los ciudadanos españoles la consideran su plato favorito por encima de la paella, el marisco, o el gazpacho.

Ninguna tortilla es igual a otra porque la receta admite cualquier tipo de alimento como aditivo, siendo el más usual la cebolla (la prefieren así el 75 % del citado estudio), el pimiento o incluso los guisantes. Sólo el 17% de los consultados prefiere la tortilla solo con patatas y huevo.

Os dejamos algunos de los mejores establecimientos de Sevilla, donde hacen una buena tortilla.

Establecimientos recomendados por Apoloybaco.
Santa MartaSanta MaríaBar RositaBodeguita Casablanca
santa-maria-apoloybacorosita-apoloybacocasablanca-apoloybaco
Peña Sevillista EindhovenCambadosCasa MolinaCasa Oliva
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Casa ModestoIntramuros  
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Preparación:

Las patatas, de un extremo a otro, se laminan a lo ancho en trozos hermosos. La cebolla se corta en juliana crecida. Ambos ingredientes se salan en un bol. Se echan a una sartén de paredes altas colocada a fuego vivo con abundante aceite de oliva, que cubra a las patatas y cebolla, cuando esté hirviendo.

Habrá que freír ambos ingredientes alegremente entre 12 y 15 minutos; es el ojo el que determinará exactamente cuanto tiempo han de estar hasta dorarse y quedar hechas. Se sacan, se escurren meticulosamente del aceite y se agregan a un bol en el que estarán batidos los huevos hasta mostrarse esponjosos. Se tiene unos segundos, lo justo para que se homogeneice. El conjunto se echa a la sartén de paredes altas, untada levemente con aceite, cuando esté empezando a humear.

La tortilla tiene que ser algo alta, de un par de dedos, por lo que el diámetro de la sartén tiene que ser relativamente pequeño. Pasado un minuto, a fuego vivo, se da la vuelta la tortilla, con la ayuda de un plato; volviéndola a incorporar a la sartén, donde seguirá haciéndose intensamente, de manera que quede jugosa por fuera y dorada por el exterior; otro minuto aproximadamente, o algo más. En ese tiempo se pasa un tenedor entre la tortilla y las paredes de la sartén para que no se pegue.

Ingredientes básicos para 4 personas:

3 Patatas no muy grandes-4 huevos-aceite-sal.

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