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El Grupo Irakere
estuvo integrado por Armando
Cuervo (Percusión), Oscar
Valdés (Vocal y Percusión), Jorge
"el niño" Alfonso (Congas), Enrique
Plá (Batería), Carlos del
Puerto (Bajo), Jorge Varona
(Trompeta), Arturo Sandoval (Trompeta),
Carlos Averhoff (Saxo
Tenor), Paquito D’Rivera
(Saxo Alto) y Carlos Emilio
Morales (Guitarra). Sus
repertorios a lo largo de los años han sido una clara y
definida combinación de temas jazzisticos,
experimentales y bailables; con elaborados arreglos que
permiten apreciar el virtuosismo de los solistas y la
calidad de las composiciones. Todo ellos es una mezcla
que han hecho de la presencia de Irakere
en los escenarios una cita obligada en cualquier evento
del jazz mundial.
La impresionante sonoridad de Irakere
ha impactado a muy diversos auditorios, demostrando
en cada presentación la estatura física y cultural de
estos hombres, donde destaca de manera singular el
maestro del piano, Chucho Valdés,
que por sus extraordinarios aportes a las variantes
modernas del Jazz y su calidad como pianista es
considerado líder mundial de este género musical. En
Irakere viven los
percusionistas de África, pero también los metales de
Cuba y los teclados de Valdés, un maestro del piano,
virtuoso en su instrumento, y una verdadera escuela de
incuestionable calidad musical. Hijo de Bebo
Valdés, Chucho ha llevado su herencia musical al
frente de Irakere por
los escenarios mas exigentes y variados del mundo
entero.
Irakere
lideró con su nacimiento hace ya más de 30 años, un
proceso de renovación en la música cubana que no ha
sido justamente ponderado por algunos públicos menos
rigurosos y exigentes. Irakere
es el alma mater de la música cubana contemporánea.
Con un estilo policromático que va desde lo puramente
afro hasta las más modernas sonoridades,
Irakere ha fusionado en forma casi perfecta
lo Afro-cubano, el jazz y lo puramente clásico,
logrando un producto de altísima calidad
interpretativa, pero además inspirado y revolucionario.
La fusión
de la raíces profundas del folclor afrocubano con
elementos de la música clásica e internacional se
convierten en una filosofía, una forma de tocar y de
trabajo bajo la obsesión perfeccionista de Valdés, que
sobrevive a todos los vaivenes propios de las
orquestas.
Irakere,
que nos dejó el
regalo sabroso de la Timba, señaló el camino de una
técnica impecable al servicio del arte popular, pero
con su disolución nos dejó la incertidumbre de que
quizás no volveremos a ver una banda tan estupenda. Su recién
editado disco recopilatorio titulado "30
años", nos devuelve el espíritu de
aquella música cubana que hizo historia en la fusión
del jazz afrocubano. |