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jazz-modernoEn estos albores del Siglo XXI, y cuando apenas llevamos una década y media de él, el jazz se vuelve más nómada que nunca. Viajar es para los músicos el trabajo, tocar el premio. Vagar y viajar entre aeropuertos, ciudades y continentes es parte del proceso creativo del músico que intentan abrirse paso en medio del caos; del caos y de la crisis que azota con fuerza en estos primeros años del Siglo XXI, la mayor parte del globo terráqueo. Y eso hace que muchísimos de jazz vuelvan su vista y sus pasos hacía la cuna del jazz: Los Estados Unidos.

En ese ir y venir, el jazz sufre las ventajas y los inconvenientes de la llamada globalización, un fenómeno de masas que lo mismo permite oir prácticamente en casa desde cualquier dispositiv con acceso a Internet la música grabada que se hace en todos los rincones del mundo, y eso es bueno, que al mismo tiempo ese hábito se hace, la mayoría de las veces, sin pagar nada a cambio. Y eso es un enorme perjuicio económico que repercute de manera negativa en la creatividad de los músicos que ven como su intelecto creativo no es recompensando. Y eso es malo.

No tenemos una bola de cristal para adivinar el futuro del jazz, ni para saber por donde irán los derroteros en materia discográfica, pero en estos primeros años de las primeras décadas del siglo XXI, se constata cierta adherencia al pasado de la que costará trabajo escapar. La crisis azota con fuerza medio mundo y Europa, la vieja Europa a donde pergrinaban las grandes "vacas sagradas" del jazz, es hoy tierra hostil. 

Como consecuencia de ello, existe en España un enorme deficit didáctico que impide que el jazz entre en las Escuelas de Música, en las Academias y Conservatorios. Salvo honrosas excepciones, como la Escuela Superior de Música de Catalunya, o el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), los poderes publicos, las administraciones y las instituciones no apoyan la difiusión del jazz en las aulas. Sólo la iniciativa privada está tirando del carro para que la música de jazz perviva a este páramo cultutral en el que se ha convertido España. Desde Almeria a San Sebastián, desde Valencia a Vigo,  desde Barcelona a Almería, desde Sevilla a Vitoria, hay infinidad de actividades formativas destinadas a difundir el jazz y otras músicas improvisadas. Ocurre con los seminarios de Jazz de Badajoz o Pontevedra, los Talleres de Jazz y otras músicas de Sevilla o Barcelona, con los conciertos didácticos para jóvenes y niños en Almería o Valencia, o con la contratación de jovenes con talento en los festivales de jazz de numerosas ciudades españolas.

Ya no están en el mundo de los vivos músicos como Parker, Miles o Monk, y es el tiempo de que otros tomen el relevo generacional. Y el peor favor que se le puede hacer al jazz y a esos músicos que vienen apretando fuerte, es querer compararlos con los anteriores. No hay, ni habrá otro Charlie Parker, ni otro Miles Davis, ni ninguna sucesora de Billie Holiday o Ella Fitzgerald. Hoy es el tiempo de Avishai Cohen, Joshua Redman, Omer Avital, Ken Vandermark, Cécile McLorin Salvant, Nate Wooley, Aron Diehl, John Medeski y tantos otros que quieren ser protagonistas de este gloriosa música en estos nuevos tiempos. Y si hablamos de músicos españoles, ya no está Tete, nuestro querido, admirado y añorado Tete Montoliu, pero es el tiempo de Agustí Fernández, de Chano Dominguez, de Baldo Martínez, Ramón López, Jorge Pardo, Perico Sambeat, Irene Aranda, Marco Mezquida o Moisés Sánchez entre otros.

Espero, con el tiempo que me queda por vivir, agrandar esta lista de jóvenes músicos, algunos ya consagrados, con los que disfrutar de la música de jazz. ¡¡ Larga vida al Jazz !!

 
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