| ¿Por qué 100 Discos? |
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Para ello empezamos en los años veinte, cuando el jazz se veía como una música popular que necesitaba ser apadrinada por la música europea. Continuamos en los años treinta cuando se dio la circunstancia inversa; se hablaba del jazz como un eslabón cultural de la etnia afroamericana en grave peligro de extinción por la influencia de los músicos blancos reinantes en la era del swing. La revolución del bebop en los cuarenta y cincuenta obedeció a ese golpe de timón que los negros de Harlem pusieron en practica. En los sesenta afloraron discursos que trazaban en términos políticos el jazz de los negros y el de los blancos -siempre en detrimento de estos últimos- y que consideraban al freejazz la expresión musical mas coherente con las reivindicaciones de los negros norteamericanos. Después en los setenta y en los ochenta, cuando parecía que el jazz iba a disolverse en el dulce veneno de la comercialidad - la fusión desde un punto de vista estético fue un punto de no retorno- surge un movimiento tradicionalista que empuja al jazz a una segunda época dorada. Es cierto que al principio aquellos músicos pecaban de ser poco originales en sus ideas, pero no lo es menos, que aquella vuelta a los orígenes y a la tradición, devolvió el jazz a la categoría y rango en algún momento perdida. El jazz que escuchamos hoy, los músicos que están en el candelero, deben parte de su éxito a aquellos jóvenes de finales de los ochenta que en una tarea ingrata y poco reconocida devolvieron al jazz el potencial que hoy -un siglo después- sigue teniendo. Entre estos cien discos, hay músicos que se repiten. No es una elección premeditada, sino la constatación de que Duke Ellington, Louis Armstrong, o Miles Davis -por poner algunos ejemplos- son músicos cuya influencia y carrera artística son invocados como el cruce entre los dos pilares del jazz: el instinto creador y la búsqueda de lo nuevo. Espero que disfrutéis de estos discos y os aconsejo vivamente que os hagáis con ellos. |