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Juan de Arguijo

Nació en Sevilla en el año 1567. Fue hijo de familia adinerada y caballero veinticuatro de su ciudad natal, y en concepto de tal, nombrado procurador en las Cortes convocadas por Felipe III en 1598. Músico, virtuoso de la vihuela y mecenas de artistas y escritores. También fue algo manirroto, condición que le obligó en los últimos años de su vida a vivir con el recuerdo de los entusiasmos de juventud. Murió en el año en 1623, en la misma ciudad que le vio nacer.

 


 

Su nombre poético fue Arcicio. No fue amante de lo gongorino, como la mayoría de los poetas pertenecientes a la escuela sevillana, y sí de la erudicción clásica y arqueológica. Su características de ser algo frío y cerebral, y su constante voluntad para conseguir el perfeccionismo formal tuvo sus frutos. Escribió cartas de gran valor literario, de las que el Fénix de los ingenios hizo mención en su famosa leyenda La niña boba, y muchos sonetos que algunos críticos juzgan superiores a los de Quevedo, Lope y los Argensola.

 


Yo vi del rojo sol la luz serena
turbarse, y que en un punto desparece
su alegre faz, y en torno se oscurece
el cielo, con tiniebla de horror llena.

El Austro proceloso airado suena,
crece su furia, y la tormenta crece,
y en los hombros de Atlante se estremece
el alto Olimpo, y con espanto truena;

mas luego vi romperse el negro velo
deshecho en agua, y a su luz primera
restituirse alegre el claro día,

y de nuevo esplendor ornado el cielo
miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera
igual mudanza a la fortuna mía?.

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