Título: " La destrucción o el amor "

Autor: Vicente Aleixandre.

Quiero dedicar esta página a José María Barcia: un amigo,

que me ayudó a descubrir la unidad.


 

Febrero es el mes de los amantes, y si algo ha alimentado la literatura a lo largo de sus siglos de existencia, al igual que al hombre, es este sentimiento natural e inevitable. En estos días donde aún se duda de su existencia, y cuando estamos al borde de una guerra más -capricho de mandantes, locura de hombres con nombres y apellidos- reservamos esta página para asomarnos a la mirada de uno de los poetas más importantes de la literatura española; conocer su visión sobre el amor y la destrucción, identificados como una sola cosa, como la unidad propia que es el hombre y la naturaleza, y de la que no tenemos conciencia exacta hasta que nos sorprende el eterno nombre sin fecha que es la muerte.

Este libro, escrito entre 1932 y 1933, compuesto por cincuenta y cuatro poemas distribuidos en seis partes, sin una regla exacta que dirija el orden de la obra -a excepción de su primer poema "La selva y el mar", y el último "La muerte"- nos habla sobre la relación unívoca entre el amor, la naturaleza y la muerte. Quizá el hecho de que Vicente Aleixandre pasara, en aquellos instantes, por una de las más graves crisis de salud que sufrió en su vida, y que terminó obligándolo a retirarse durante un largo periodo al campo, pudo ayudarlo a que sus pensamientos personales sobre estos temas salieran con mayor fluidez por su pluma. Como buen poeta de la Generación del 27, recoge en su poética la actitud creadora de utilizar la realidad como recurso para la comunicación de una visión interna creada por el poeta. La poesía es un "arma" de comunicación, es la expresión de lo auténticamente humano.


" Por qué cantáis la rosa ¡Oh poetas!

Hacedla florecer en el poema".



Para Vicente Aleixandre, el Amor es una existencia enaltecedora, que se desarrolla en el ámbito de la Naturaleza, y cuyo proyecto final es pasar del amor amenazado por la temporalidad al amor total, donde no hay nada que pueda derribarlo, ni el cuerpo individual ni el tiempo; la Muerte entonces representa esa inmortalidad, ese estado sin tiempo: la muerte es la palabra suprema del amor. Un libro que nos brinda la oportunidad única del descubrimiento de nuestra propia esencia: el amor más allá de la pared corpórea que nos compone, expandido sobre la misma tierra, el mar, los peces, los pájaros, la luna, los labios de arena de la orilla, la víbora, el otoño, la cristalina luz que hiere el fuego, la tibieza del astro, la severidad del mundo, la memoria, la tristeza contagiosa, o la diminuta hormiga naranja que vive en silencio. Todo un libro que este Premio Nóbel no pensó nunca que le iba a suceder.


Disfrutadlo.



EL DESNUDO

BASTA, basta.

Tanto amor en las aves,

en esos papeles fugitivos que en la tierra se buscan,

en ese cristal indefenso que siente el beso de la luz,

en la gigante lámpara que bajo la tierra solloza

iluminando el agua subterránea que espera.


Tú, corazón clamante que en medio de las nubes

o en las plumas del ave,

o en el secreto tuétano del hueso de los tigres,

o en la piedra en que apoya su cabeza la sombra.


Tú, corazón que dondequiera existes como existe la muerte,

como la muerte es esa contracción de la cintura

que siente que la abarca una secreta mano,

mientras en el oído fulgura un secreto previsto.


Di, qué palabra impasible como la esmeralda

deslumbra unos ojos con su signo durísimo,

mientras sobre los hombros todas, todas las plumas

resbalan tenuemente como sólo memoria.


Di, qué manto pretende envolver nuestro desnudo,

qué calor nos halaga mientras la luz dice nombres,

mientras escuchamos unas letras que pasan,

palomas hacia un seno que, herido, a sí se ignora.


La muerte es el vestido.


Es la acumulación de los siglos que nunca se olvidan,

es la memoria de los hombres sobre un cuerpo único,

trapo palpable sobre el que un pecho solloza

mientras busca imposible un amor o el desnudo.


Vicente Aleixandre

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