El Comensal

EL TAPEO SEVILLANO

RUTA GASTRONÓMICA DEL BARRIO DE TRIANA  

     Escribir de Triana es hablar de Sevilla, y hablar de Sevilla sin Triana es imposible. La importancia de este antiguo arrabal y guarda de la ciudad de Sevilla deriva de su posición junto al río Guadalquivir. Llave para las tierras de cereales, vid y olivo del Aljarafe, del camino real hacia la vecina Huelva, puerto comercial y última defensa de la ciudad antes de alcanzar sus murallas. No en vano el ejército de Fernando III, que se asentó en el vecino campo de Tablada, hubo de atacar y destruir el Puente de Barcas y el Castillo de Triana, construido en época almohade y conocido primero como Palacio de Hisz al-Zahir de Al-Mutamid, y posteriormente, en los tiempos de la Inquisición, Castillo de San Jorge de cuya existencia aun quedan vestigios en lo que hoy es el Mercado de Triana.

     El origen de su nombre tal y como nos ha llegado en la actualidad sigue suscitando interés entre los investigadores y antropólogos. Tradicionalmente, se vinculó etimológicamente su pasado como colonia romana fundada por Trajano, el emperador romano nacido en Itálica: Trajana-Triana. Según algunos autores, el nombre, provendría de una fórmula de compromiso entre los celtíberos y los romanos, Tri, tres del romano y Ana, río, de origen celtíbero, ya que por esa zona el río se dividía en tres. Por otra parte Justino Matute Gavira (1764-1830) ilustre historiador sevillano en su obra "Aparato para describir la historia de Triana y de su iglesia parroquial" coincide con Rodrigo Caro, (1573-1647), otro ilustre historiador sevillano, cuando sostiene que su nombre es deducido o derivado de la expresión "Trans amnem," palabra con que los latinos significaban lo que está más allá del río... y aún los árabes, por esta misma circunstancia, llamaban a Triana: Ma-Wara-Fnahr, que vale tanto como allende el río: la transfluvial, aunque más comúnmente la decían Atrayana o Athriana...".

     Triana siempre tuvo una relación difícil con Sevilla. Probablemente el origen de todo fue la separación topográfica que durante siglos aisló el arrabal de la ciudad y que sólo el ya desaparecido "Puente de Barcas" construido en 1147, ayudó a resolver. Ese aislamiento que provocaba el río como frontera geopolítica de la ciudad, configuró a lo largo de muchas centurias, un carácter y modos de comportamientos de sus pobladores bien diferenciados al resto de la ciudad. El río fue un escollo insalvable para Triana hasta la construcción de ese puente que estuvo transitable hasta siete siglos después, cuando el 23 de Febrero de 1852, se inauguró el actual Puente de Isabel II, popularmente conocido con el nombre del barrio que le da sentido: "Puente de Triana".

     El puente de Triana fue construido por los ingenieros franceses residentes circunstancialmente en el Puerto de Santa María: Ferdinad Bernadet y Gustav Steinacher. El modelo es una copia en toda regla (hablar de inspiración es un eufemismo) del puente que existía en Paris llamado el "Puente del Carrousell y el Louvre" de Paris, construido varias años antes y ya hoy derribado, aunque quedan testimonios gráficos y pictóricos (Vicent Van Gogh) de su belleza original. El Puente de Triana fue la primera construcción de la denominada "Arquitectura del Hierro" en nuestra ciudad. De la idea de su importancia cabe señalar que no fue hasta 74 años después, el 6 de abril de 1926, cuando se construyó el siguiente puente urbano en Sevilla: el Puente de Alfonso XIII, que para los sevillanos siempre fue llamado "Puente de Hierro" desmontado en 1998, durante muchos años en desuso y hoy abandonado en espera de destino.

     Triana es pues memoria viva de Sevilla, cuna de grandes artistas y cantaores, origen de la alfarería sevillana y de la Sevilla marinera, tierra de gente humilde y empleos humildes, patria de los areneros, de los pescadores de barbos y de los herreros. Sus gentes, curtidas en el desarraigo y victimas de la marginación, tuvieron que cruzar y volver durante casi setecientos años esas dos orillas del río que las separaba. Triana es por antonomasia el arrabal más importante de Sevilla, la conciencia crítica de Sevilla, la memoria viva de una ciudad que de mirarse tanto al ombligo, se olvida de las cosas que merecen la pena ser recordadas. Triana fue patria de los gitanos desde el Siglo XV llegados desde centroeuropa en itinerante trashumancia, habitantes de la Cava, esa construcción defensiva convertida hoy en una larga travesía que cruza Triana en lo que hoy es la calle Pagés del Corro y que desde la Plaza de Cuba hasta la Iglesia de San Jacinto era la Cava de los Gitanos, su hogar durante años hasta que la voracidad inmobiliaria los expulsó de sus casas sin piedad. Triana es tierra de tradiciones ancestrales que algunas aún perviven todavía como el "Salto de la Cucaña" en su popular "Velá de Santa Ana", la hojalatería soldada con estaño o las avellanas verdes, y también es tierra de navegantes encarnado en el primer español, Rodrigo de Triana, que avistó el nuevo continente desde su puesto de vigía en la carabela La Pinta comandada por Cristóbal Colón.

     Cuna del mejor cante flamenco de Sevilla, Triana fue el núcleo esencial, donde se dio a conocer lo que hoy entendemos por flamenco. Allí en ese arrabal nacido a extramuros de Sevilla, en la margen derecha del río, fue la pionera en dar a conocer los cantes ancestrales, desde finales del XVIII y durante el siglo XIX que dieron origen al flamenco. De sus corrales, patios y tabernas salieron el mítico "Fillo" y a su maestro "El Planeta", figuras ambas que están en el origen de la historia del flamenco escrito. Como cante trianero se ha considerado siempre la soleá que lleva el nombre de este barrio. Según Ricardo Antonio Molina Tenor (1917-1968) poeta y flamencólogo de reconocido prestigio y D. Antonio Mairena (III Llave del Cante Flamenco concedida en 1962) las Soleares de Triana son, seguramente, las más antiguas, o al menos, afirman, las más remotas alusiones se refieren a Triana. No en vano la primera referencia del flamenco en la literatura es el relato "Un baile en Triana" perteneciente a la serie "Escenas Andaluzas" del iniciador de la literatura costumbrista en España, el flamencólogo malagueño Serafín Estébanez Calderón (1799-1857).

     Triana es también el símbolo más perfecto de la dualidad de Sevilla. Y con mucha probabilidad esa idiosincrasia trianera terminó por trasladarse a la propia capital. Algunos ejemplos son ilustrativos: Justa y Rufina eran dos mujeres alfareras de Triana que la leyenda las aupó a ser Patronas de Sevilla; sin salir del arrabal estaban las dos Cavas que cruzaban el barrio a lo largo de toda la actual calle Pagés del Corro: la Cava de los Gitanos y la Cava de los Civiles; tras la conquista de Fernando III, el barrio, hasta entonces contenido entre el Altozano y la actual Plaza de Cuba, se extiende hacia el norte. Los soldados castellanos se asentarán en la actual calle de Castilla, los leoneses en el Barrio de León. A partir de 1830, por decisión arzobispal, todas las hermandades de penitencia de Sevilla fueron obligadas a procesionar hacia la Catedral, lo que supondrá la unificación definitiva de la semana Santa sevillana, pero también el inicio de la rivalidad entre las dos Vírgenes de la Esperanza, imágenes señeras de los dos barrios más populosos de la ciudad: Triana y la Macarena.

     Triana tiene también una historia tabernaria de muchísima solera. Y aunque han desaparecido a un ritmo frenético tascas y comercios tradicionales como la Bodeguita de Juan en el Patrocinio y sus cazuelitas de gambas al ajillo; El Morapio, en Pelay Correa; Los Dos Hermanos en el Altozano, el Bar Candilejas, donde paraban los "meteores" que descargaban la mercancía para la plaza de abastos; El Litro, que freía adobo de barbos del río y en cuya puerta aparcaban los carrillos de mano de la plaza; la fábrica de gaseosas "El Cachorro" y tantos otros que la memoria no alcanza. 

     La Triana torera siempre miró con orgullo desde la otra orilla el coso taurino del Arenal. De sus calles buscaron la Puerta del Príncipe de la Maestranza figuras legendarias sin las cuales es imposible escribir el arte de torear en Sevilla: Belmonte, conocido como el Pasmo de Triana aunque nacido en la macarena calle Feria, Curro Puya, Cagancho, Chicuelo, que al revés que Belmonte nació en Triana pero triunfó siendo vecino de la sevillana Alameda de Hércules, Gitanillo de Triana, El Andaluz, o Emilio Muñoz, son algunos ejemplos de la torearía trianera

     Quien busque en Triana grandes monumentos saldrá defraudado. La esencia de Triana está en sus callejuelas, en su atmósfera y en su gente. Y todavía queda en el barrio rastros de esa Triana que se fue. Búsquelos en sus tabernas, bares, tascas, bodegas y mesones. Son dignos de ser visitados para comprobar que tapear en Triana, también es diferente. 

 
ESTABLECIMIENTOS RECOMENDADOS
Casa Oliva San Jacinto, 73 954333031
Bar Remesal Rodrigo de Triana, 37  
Bodega Vargas Rodrigo de Triana, 8  
Casa Ruperto Santa Cecilia, 32  
Casa Diego Avd Santa Cecilia, 29 954331626
Bar Bistec Pelay Correa, 34  
Bar La Esperanza San Jacinto, 53  
Cervecería Casa Diego José María Sánchez Arjona, 19  
Los Chorritos Betis, 36  
Casa Manolita Garcilaso de la Vega, 8 (El Tardón) 954333046
Bar Paleta Evangelista, 71  
Bar Las Golondrinas Calle Antillano Campos, 26  
Casa Peral Callao, 3 954331075. www.casaperal.com
Jaylu López de Gomara, 19 954339476
Bar Maera José León, 17  
Casa Cuesta Castilla, 3-5 954333335
La Albariza Betis, 6  
Casa Poncio Victoria, 8  
Río Grande Betis s/n 954273956
Sol y Sombra Castilla, 151 954333935
Casa Manolita Tardón  
Los Alcores Farmacéutico Murillo Herrera  
Bar Manolo San Jorge, 16  
Casa Martin Castilla-Cachorro  
Bodegón La Universal Betis, 1-4  
La Taberna del Pescador Plaza Altozano, 1  
La María. Bodega restaurante Asador Betis, 12  
Taberna Balado Pureza, 64  
Café Bar Santa Ana Pureza, 82  
Taberna La Plazuela Plaza Santa Ana, 1  
Cervecería Mara San Vicente de Paúl  

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