La Diputación de Sevilla ha inaugurado una exposición que homenajea al escritor argentino en el centenario de su nacimiento. La muestra invita a conocer las múltiples facetas del autor. La muestra sobre el escritor JulioCortázar puede visitarse en la Casa de la Provincia hasta el 19 de octubre.

Julio Cortázar cambió la historia de la literatura. Cuando hace 50 años puso Rayuela en manos de los lectores el escritor argentino sabía que estaba depositando en ellas una novela visionaria, un más difícil todavía que retaba por igual a las vanguardias y al público. Aquel gigante que trascendía dramatúrgicamente su tono experimental podía leerse a partir de cualquier página. Una obra que despreciaba el orden establecido y ejecutaba, como ya se venía haciendo en la música y en las artes plásticas, una liberación de las claves formales que regían la escritura.

Avalada por el Instituto Cervantes de París y por el OtoñoCultural Iberoamericano y con fondos de Caja Rural del Sur, la muestra se ha hecho coincidir además con el cincuentenario de la publicación de la primera edición de Rayuela. Según el director del Instituto Cervantes, Juan Manuel Bonet, «el hecho de que el escritor argentino residiera en París hasta su muerte resulta determinante para que la exposición nazca de las creaciones de sus amigos artistas que estuvieron presentes en su vida y cuyas obras en muchos casos se encuentran estrechamente enlazadas con las del autor argentino».

Con las aportaciones de libros, cartas, manuscritos, documentos y objetos personales que se exhiben en vitrinas, se compone este homenaje de sus amigos que desemboca ahora en el reconocimiento desde Andalucía por parte de todos aquellos lectores conscientes del papel fundamental que Cortázar representó en la renovación de la literatura del siglo XX escrita en español.

Podría decirse que esta es una exposición sobre el escritor vista con ojos ajenos a los del autor. Más allá de incardinar una serie de recuerdos alusivos a su figura, la propuesta expositiva invita a conocer al Cortázar más íntimo y en sus distintas facetas: la de profesor, melómano, literato y hombre comprometido con diferentes causas sociales; también con su propio tiempo, atento como estuvo a todas las manifestaciones artísticas de su era.

«Desde la ventana de su cuarto en el segundo piso Oliveira veía el patio con la fuente, el chorrito de agua, la rayuela del 8, los tres árboles que daban sombra al cantero de malvones y césped, y la altísima tapia que le ocultaba las casas de la calle. El 8 jugaba casi toda la tarde a la rayuela, era imbatible, el 4 y el 19 hubieran querido arrebatarle el Cielo pero era inútil, el pie del 8 era un arma de precisión», escribió Cortázar en una de las más de 600 páginas de su Rayuela, puzzle de capítulos que miran tanto al realismo mágico como a la más sobria abstracción. «Fue uno de los grandes autores que nos hizo despertar y ver la literatura de otro modo, con una reivindicación muy importante del cuento», dijo hace unos días la escritora Soledad Puértolas. Tan grande es el reinado de Cortázar que Buenos Aires lleva todo el año volcado en glosar su figura.

El homenaje de la Casa de la Provincia quiere ser también, por propia definición, un intento de inocular en el visitante la pasión o, al menos, la curiosidad por el argentino. «Nos ha dejado una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo», apuntó García Márquez. «Ningún otro escritor dio al juego la dignidad literaria que Cortázar, ni hizo del juego un instrumento de creación y exploración artística tan dúctil y provechoso. La obra de Cortázar abrió puertas inéditas», abundó Vargas Llosa. Y, con todo, en pleno siglo XXI, como aquel imponente demiurgo que es el Ulises de James Joyce, Rayuela permanece ahí, de plena actualidad, sí, pero suscitando miedos inexplicables.

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